
“El amor, sentido profundamente, exige su concreción. No atender a ésta exigencia, es traicionarse.”


años para afianzarme en el estudio de este arte.Paralelamente, y sin darme cuenta, al mismo tiempo en que empezaba a estudiar teatro: Nacía “Astillas de un mismo árbol”.
de alguien especializado y la primera persona en que pensé fue Agustín Alezzo. Afortunadamente él aceptó leer la obra.En total fueron siete reuniones (cuatro horas cada una) las que tuvimos a lo largo de todo un año. Cada encuentro fue maravilloso porque no solo me hacía las correcciones pertinentes, sino que también conversábamos de teatro, intercambiábamos anécdotas, incluso hubieron muchos momentos de silencio ampliamente disfrutables.Alezzo me fue guiando y enseñando los conceptos de la estructura dramática, encontrando los aciertos y señalando errores, explicándome el “por qué” de esos errores y dejando que yo encuentre mi “cómo” solucionarlos.La obra pasó de tener un solo acto, a dos. Del original solo quedaron dos escenas: El prologo y el final. Y lo más importante fue que apareció un nuevo personaje: Lucía.Cuando finalmente decidí llevar a escena lo escrito, Alezzo no solo brindó su apoyo a la obra y a mi capacidad como actor, sino que también me ayudó en la elección de las actrices; dándome el visto bueno para Bárbara Blanqué a quién había elegido para el papel de “Lucía”, y recomendándome a Salomé Vega para el papel de “Emma”. Mientras buscábamos un director para “Astillas…”, las actrices y yo comenzamos un período de análisis de la obra que resultó ser sumamente rico en muchos aspectos: en principio sirvió para ir conociéndonos y al mismo tiempo, a través del análisis que cada uno hacía de la obra, pudimos redondear, aún más, ciertos aspectos del texto.Finalmente, y tras haber “coqueteado” con varios directores, Emiliano Dulucchi aceptó dirigir “Astillas de un mismo árbol”.
